¿Cómo el «voucher» escolar ha cambiado la forma de financiar la educación?
El voucher escolar es una política que transforma la manera de financiar la educación: en lugar de subsidiar las escuelas públicas, el gobierno subsidia directamente a los estudiantes. Aquí analizamos la expansión de este sistema y sus experiencias exitosas alrededor del mundo.
Tabla de contenido
La inversión en educación sigue siendo una prioridad para los gobiernos del mundo. Así lo demuestran las cifras: para 2021, según datos del Banco Mundial, países como Alemania, Estados Unidos, Brasil y Reino Unido destinaron más del 5 % de su Producto Interno Bruto al gasto educativo.
Tradicionalmente, este esfuerzo financiero se suele asociar con el sostenimiento de escuelas públicas. Pero esa no es la única forma de dar uso al presupuesto en educación, tal como lo sugirió el economista y premio Nobel, Milton Friedman, en un ensayo publicado en 1955.
En dicho texto, según reseña Colleen Hroncich para el Cato Institute, Friedman reconoce que el gobierno juega un papel central en la financiación de la educación. No obstante, ello no implica que también deba involucrarse en la gerencia de las escuelas, pues no podía saber qué era lo más conveniente para las familias.
A juicio de Friedman, eran dos esferas separadas: la de financiar y la de controlar la gestión. Así llegó a la conclusión de que, en lugar de dar fondos a las escuelas, el gobierno podía destinarlos directamente a las familias a través de cheques escolares, para que estas se matricularan en la escuela de su preferencia.
Es decir, el presupuesto educativo se mantenía fiel a su propósito original, aunque el esquema de distribución cambiaba: el gobierno ahora podía subsidiar la demanda educativa (los estudiantes), en lugar de la oferta (escuelas públicas).
El funcionamiento y beneficio del voucher educativo
Para calcular el monto de ese vale escolar, por lo general se promedia el coste por alumno en una escuela pública y en una privada, tal como explica Álvaro Martín para la Fundación Civismo. Además, la idea es que el Estado proporcione ese vale de forma mensual o anual a las familias que lo requieran, con base en sus ingresos.
Eso sí, tal como aclara Denise-Marie Ordway para The Journalist’s Resource, las familias en realidad nunca reciben ese dinero en efectivo o en cuentas bancarias, sino que este es enviado directamente a las escuelas escogidas.
La lógica subyacente no solo es evitar la injerencia del Estado en la educación de los jóvenes, sino también otorgar mayor libertad de decisión a los padres, de modo que no tengan que resignarse a escuelas públicas estandarizadas.
Por otra parte, no se puede ignorar que esto también fomenta la competencia entre escuelas, impulsando la mejora educativa, tal como argumenta Álvaro Martín. Dado que las escuelas ahora deben diferenciarse para captar esos recursos, se ven incentivadas a “especializarse en ciertas áreas o materias en las que serán más competentes, lo cual acrecentará la calidad educativa y las opciones disponibles”.
Se trata pues de una política de financiación escolar que abre la puerta a la innovación, la libertad y la inclusión de todos los estudiantes de una manera más efectiva. Tal vez ello explica que ya se haya adoptado en varios países del mundo, donde el resultado ha sido mayor poder de decisión para las familias.
Experiencias mundiales del voucher educativo
Chile:
El caso del país austral es emblemático porque, como se destaca en un artículo de la revista Estudios Públicos, Chile introdujo el sistema de vouchers educativos en 1988, convirtiéndose en uno de los pioneros en implementar esto a gran escala.
Como indican los autores, “cada estudiante se hace dueño de un voucher o cupón que implícitamente transfiere consigo a la escuela elegida. Y si el alumno cambia de colegio, el cupón se mueve con él”. En consecuencia, los recursos de cada escuela dependen del número de jóvenes que logren captar.
Fue una política que dejó notar sus efectos de manera rápida, de acuerdo con un estudio publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo en 2017. Según se detalla, el porcentaje de alumnos inscritos en escuelas públicas disminuyó en las décadas siguientes, pasando del 78 % en 1980 a menos del 50 % en 2007, como consecuencia de la migración a escuelas privadas.
Si bien el sistema fue reformado en 2008, buscando focalizar los vouchers en las familias de menores ingresos, la lógica de fomentar la libre elección de escuela sigue presente en el sistema educativo chileno.
Suecia:
El país escandinavo es otro caso paradigmático, tras haber transformado su sistema educativo en la década de 1990, según cuenta Jan Sjunnesson en un análisis para el Center for Civil Society.
Aquí la reforma inició con una transferencia de competencias educativas del Estado a los municipios. No obstante, el cambio trascendental estuvo en permitir la entrada de proveedores escolares independientes, quienes podían competir por recibir fondos públicos a través del sistema de cheques escolares.
En la práctica, la financiación pasaba a ser un subsidio directo. Y al igual que en el contexto chileno, “el dinero sigue al alumno, lo que garantiza que las repercusiones financieras del éxito o fracaso recaigan sobre las escuelas”, según se indica.
La diferencia clave aquí es que voucher es de acceso universal para todos los niños y jóvenes suecos.
El resultado de esto fue palpable en el mediano plazo, tal como lo demuestra Erik Lakomaa en un texto para el European Center of Austrian Economics:
“Para el curso escolar 1992/93, solo el 1 % de los alumnos de primaria y el 1,7 % de los de secundaria asistían a una escuela privada. Diez años después, para 2001, la proporción había aumentado al 4,8 % en primaria y al 6,1 % en secundaria. Y para 2022, la proporción ya era del 16,2 % en primaria y del 31,2 % en secundaria”.
Como se ve, esa tendencia refleja el creciente peso de la educación privada en el país. No en vano, como indica Sjunnesson, más del 60% de las escuelas no estatales son gestionadas por corporaciones educativas con fines de lucro.
Estados Unidos:
Finalmente, un tercer ejemplo clave lo representa Estados Unidos, donde el cheque escolar ha mutado en diversas alternativas, incorporando fines más amplios.
Un primer elemento a considerar es que la adopción de los vouchers depende de cada estado. Así, por ejemplo, según se reseña en el artículo para The Journalist’s Resource, el primer estado en introducir esto fue Florida en 1999, al ofrecer los vouchers a “niños de las escuelas públicas con peor rendimiento, para que pudiesen trasladarse a una escuela privada”.
Desde entonces, el sistema de cheques escolares ha crecido en Florida, alcanzando a cada vez más estudiantes. No en vano, tal como recoge una nota del Central Florida Public Media, unos 242.929 jóvenes estaban registrados en el programa de vales para 2023, luego de una ampliación del sistema ese año.
La experiencia inicial de Florida permitió que esto se expandiera a más estados del país, incluso con más de un tipo de programa para diversos casos. Así pues, de acuerdo con mediciones del National Center for Education Statistics, para 2017 existían 25 programas de vales escolares en 15 estados.
Se trata de una política que hoy está beneficiando a más de 430.000 estudiantes, según registra la organización EdChoice. Y ello sin contar el caso de Texas, que recién implementó el programa este año y ya alcanzó más de 200.000 solicitudes.
Adicionalmente, vale acotar que en Estados Unidos hay otros miles de beneficiados gracias a programas similares, como las Cuentas de Ahorro para la Educación (ESA, en inglés) o las Becas con créditos fiscales. Si bien son distintos de los vales escolares, el principio subyacente es el mismo: destinar los fondos educativos directamente a las familias, para que estas decidan en qué colegio matricularse.
Conclusión: un modelo para la reforma educativa
Como se ve, la idea que propuso Milton Friedman hace 70 años ya probó que puede cristalizar en diversos contextos sociales, culturales y políticos, manteniendo la libertad de decisión en el centro.
Ahora su adopción se presenta como una alternativa para seguir garantizando el acceso a la educación, sin que ello implique financiar burocracias educativas o planteles ineficientes que no satisfacen las expectativas de las familias.
Además, es una política que favorece la innovación y la competencia entre escuelas, aumentando las alternativas con que cuentan las familias. Y por si fuera poco, también promueve una mayor eficacia en el gasto educativo, de forma que los propios gobiernos se ven beneficiados en el manejo del presupuesto.
Es pues un sistema de financiación donde todos resultan beneficiados, sin dejar a nadie atrás.
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