Un grupo de estudiantes recibe atención educativa en una carpa humanitaria.

¿Cuál es la respuesta educativa ante un desastre natural? Casos de Japón y Turquía

Con la normalidad escolar interrumpida tras un desastre natural, el reto para las autoridades de un país es cómo garantizar un retorno lo más adecuado posible. Para examinar esto, analizamos los casos de Japón, tras el terremoto y tsunami de 2011, y el de Turquía, tras los terremotos de 2023.

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Es un hecho que los desastres naturales son implacables donde ocurren, pero lo que puede ampliar o contener su nivel de devastación es la respuesta que reciben. Si las acciones implementadas son rápidas, oportunas y estructuradas bajo métodos claros, es probable que se pueda mitigar la extensión inmediata de sus efectos.

En este artículo, el tema que nos ocupa es un tipo de respuesta muy específica: la educativa, con el propósito de examinar acciones concretas a tener en cuenta. Para ello, se tomarán como referencia dos experiencias concretas: la de Japón, tras el terremoto y el tsunami de 2011, y la de Turquía, tras los terremotos de 2023.

Caso de Japón: asistencia rápida para la continuidad educativa

El 11 de marzo de 2011, Japón se vio sacudido primero por el terremoto más fuerte de su historia (magnitud de 9,0), y luego por un tsunami que golpeó la costa este del país, dejando miles de víctimas, desaparecidos y daños en varias ciudades.

En el terreno educativo, de acuerdo con un reporte conjunto del Banco Mundial y el Fondo Mundial para la Reducción y Recuperación de Desastres, se estimaba que un total de 6.284 escuelas públicas resultaron dañadas, de las cuales 193 quedaron destruidas y unas 740 con daños estructurales graves.

Esto interrumpió el año escolar que ya estaba por culminar ese mes, perjudicando a miles de estudiantes, docentes y familias.

Ante este escenario, el gobierno japonés, a través de su Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología, implementó una respuesta de asistencia directa a los estudiantes y los centros educativos de las ciudades afectadas, con el fin de garantizar un retorno rápido a la continuidad educativa.

Aula recreativa para niños en un refugio de Fukushima, Japón. Fuente: Estudio de Ryo Abe.

A hechos como el levantamiento de aulas improvisadas en los refugios se sumaron otras acciones de mayor alcance, tal como resume a continuación un estudio de la Agencia de Reconstrucción de Japón, publicado en 2023:

Apoyo financiero para asistir a los estudiantes:

Esto implicó subvenciones especiales a los niños cuyas familias tuvieron dificultades económicas, con el fin de seguir garantizando su asistencia a las escuelas.

Además, cada prefectura afectada también añadió programas para:

  • Reducir las tarifas de guardería y las cuotas de inscripción en preescolar.
  • Ayudar a los estudiantes con útiles y comidas en primaria y secundaria.
  • Y reducir o eximir las cuotas de matrícula para escuelas privadas y diversas.

Portal web de ayuda directa a los estudiantes:

Para canalizar los apoyos hacia los niños y jóvenes afectados, el Ministerio creó un portal web donde se enumeraban las necesidades puntuales y la ayuda que se podía brindar, buscando conectar mejor las solicitudes con gente de todo el país.

Reimpresión de libros escolares:

Por otra parte, frente a las pérdidas del material educativo, también se solicitó a las editoriales una vasta reimpresión de textos para ser entregados antes del reinicio de actividades académicas.

Transporte escolar de contingencia:

Para facilitar el traslado de los estudiantes que debían recorrer largas distancias debido a la reconstrucción o la reubicación, se brindó apoyo con una red de buses escolares (y subsidios para la adquisición de otros) en zonas afectadas.

Provisión de docentes adicionales:

También, con el propósito de brindar orientación especializada y atender los retrasos en el aprendizaje, el Ministerio proporcionó apoyo adicional con nuevos docentes.

Ello fue clave para apoyar la restauración de las actividades escolares, dado que los educadores ahora debían cooperar más estrechamente con las familias afectadas y los centros de asistencia social.

Utilización de consejeros escolares de emergencia:

Por último, ante la trágica pérdida de familiares, amigos y hogares, la atención de la salud mental fue otro pilar de la respuesta. Por ello, el gobierno y las prefecturas apoyaron el envío de consejeros escolares.

Aunque estas fueron solo las acciones principales, se puede ver que tuvieron un enfoque de asistencia rápida para no demorar la reanudación del proceso educativo. De hecho, gracias a estos esfuerzos, las clases se pudieron reiniciar a mediados de mayo en las zonas afectadas (dos meses después del terremoto y el tsunami).

Experiencia de Turquía: el poder de la asistencia internacional

En el segundo caso, Turquía también enfrentó una catástrofe similar el 06 de febrero de 2023, cuando dos terremotos (magnitudes de 7,8 y 7,6) golpearon el sudeste del país, dejando enormes daños y pérdidas humanas en varias provincias.

Nada más en el terreno educativo, de acuerdo con otro reporte del Banco Mundial, alrededor de un 5% de los 20 mil edificios educativos en las ciudades afectadas presentó daño total, grave o moderado.

Esto motivó una respuesta rápida que no solo se limitó a los esfuerzos del gobierno. Aquí también entró en escena la ayuda multilateral como otro pilar fundamental.

Ayuda internacional para mitigar el impacto inmediato:

Tal como indica un artículo de UNICEF, ya a las pocas semanas el organismo había desplegado tiendas de campaña en varios campamentos de refugiados, con el fin de brindar atención a los niños y jóvenes supervivientes.

Tienda de campaña de UNICEF en un campamento de refugiados en Turquía. Fuente: ONUCHA, Ahmad Abdulnafi.

Un ejemplo que ilustra esta velocidad de respuesta institucional fue el campamento Orhanlı, en la ciudad de Hatay, donde las actividades educativas de UNICEF comenzaron a los cinco días de haberse creado.

Según se lee en la nota, la intención era que estas tiendas de campaña sirvieran como “espacios de aprendizaje temporales, brindando a los alumnos la oportunidad de continuar su educación”.

Sin embargo, la magnitud del desafío demandaba esfuerzos mucho mayores de las autoridades nacionales. No en vano, de acuerdo con el Ministerio de Educación Nacional, los terremotos terminaron afectando a casi 4 millones de estudiantes.

Esto requirió de acciones concretas, iniciando con la identificación de escuelas que presentaban daños menores y la consiguiente reparación de más de 45 mil aulas, a lo que siguieron otros hechos como los que se mencionan a continuación:

Servicios de transporte y alimentación:

Al igual que en el caso anterior, el Ministerio dispuso de un programa para proveer de transporte y comidas a más de 300 mil estudiantes de las ciudades afectadas.

Reforzamiento instruccional:

Asimismo, con el propósito de compensar las pérdidas de aprendizaje, se abrieron escuelas de verano y cursos de apoyo.

Asistencia psicoeducativa:

Por otra parte, pensando en el bienestar emocional de los estudiantes, el Ministerio instaló cientos de carpas y aulas prefabricadas para ofrecer asistencia psicológica y juegos, involucrando a más de 4 mil orientadores y psicólogos.

Incremento del número de docentes:

En línea con lo anterior, las autoridades educativas también designaron y agilizaron la contratación de más de 20 mil docentes para las ciudades devastadas.

Provisión de material y dispositivos educativos:

En cuanto a lo propiamente material, el Ministerio garantizó la distribución sin costo de millones de textos escolares y miles de tabletas móviles entre los alumnos, con el fin de garantizar el acceso a recursos educativos.

Por otro lado, también se financió la instalación de miles de pizarras interactivas y televisores en planteles recuperados, abasteciéndolos de dispositivos y medios electrónicos.

Planificación de viviendas prefabricadas para docentes:

Finalmente, la Autoridad de Gestión de Desastres y Emergencias (AFAD) asistió a los docentes en las regiones devastadas, proporcionándoles miles de contenedores para ayudarlos con el alojamiento temporal.

Todas estas fueron acciones que, como en el caso de Japón, buscaron dar pronta continuidad a los procesos educativos, para no paralizar la formación de los niños y jóvenes por más tiempo del necesario. Y también aquí hubo una presencia amplia del Estado.

Lecciones de ambas experiencias:

No obstante, es importante tener en cuenta que ninguna acción logrará eliminar por completo las consecuencias directas del desastre natural. En el mejor de los casos, los paliativos ayudarán a mitigar los daños.

Lo que estas dos experiencias nos enseñan es que hay prioridades concretas que pueden ayudar a contener ese impacto, entre las cuales destacan:

  • La pronta restauración de las escuelas o el uso de espacios alternativos para el restablecimiento de las dinámicas escolares.
  • La provisión del personal docente necesario, entre profesores y consejeros, para apoyar el aprendizaje y el bienestar emocional de los estudiantes.
  • Y las subvenciones directas a los niños y jóvenes que presentan dificultades económicas para asistir a los centros educativos.

Eso sí, hay que tener presente que la normalidad escolar ya se vio interrumpida. Por ende, el desafío para las autoridades educativas es cómo avanzar frente a ello, garantizando un retorno lo más adecuado posible.

¿Conoces alguna otra acción de respuesta educativa que sea adecuada ante desastres naturales?

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