Una maestra enseña a un grupo de niños en la sala de una casa.

Revolución educativa: experiencias mundiales sobre microescuelas de bajo costo

En este artículo analizamos qué son las microescuelas privadas de bajo costo, así como sus rasgos principales y sus experiencias en la India, Venezuela y Estados Unidos. Conoce más sobre este fenómeno educativo y sus implicaciones para las familias.

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“Un día me adentré en los barrios marginales de Hyderabad (India), y encontré una pequeña escuela en un edificio residencial. No era una escuela pública, sino una privada de bajo costo, que en aquel entonces costaba alrededor de un dólar al mes. Luego encontré otra, y otra más, y pronto me conecté con una federación de 500 de estas escuelas privadas, que atendían a comunidades de bajos ingresos”.

Esta anécdota del profesor británico James Tooley en el año 2000 da cuenta de un fenómeno educativo diverso, con unas características muy singulares, tal como lo narra en un artículo para la Fundación para la Educación Económica.

Se trata de un modelo de educación privada de bajo costo, flexible y con una oferta a la vez completa y diferenciada. En la práctica, esto se materializa en centros alternativos conocidos como microescuelas.

No es un fenómeno reciente, como se ve, pero sí ha tenido un crecimiento sostenido tras la irrupción de la pandemia de Covid-19, cuando el cierre de escuelas impulsó la búsqueda de nuevas opciones educativas en muchas familias.

Principales características de las microescuelas:

Lo más sorprendente es que las microescuelas han surgido por igual en países de ingresos altos y bajos. No obstante, en todos los casos siempre se han distinguido por algunos rasgos centrales que vale la pena identificar:

  • Su naturaleza descentralizada: las microescuelas emergieron de forma orgánica, sin ningún esfuerzo gubernamental detrás. Por ello, investigadores como el Dr. Antonio Canova ya hablan de un “orden educativo espontáneo”, al ser un servicio sistematizado y no planificado.
  • El bajo costo: las tarifas cobradas son accesibles en comparación con las de la educación tradicional, adaptándose a los contextos socioeconómicos donde surgen. No en vano, el profesor Tooley documentó servicios hasta por un dólar al mes en la India.
  • El horario flexible: las microescuelas no necesariamente reciben a los niños y jóvenes todos los días. Muchas se ajustan a los turnos decididos por los padres. En Venezuela, por ejemplo, se han identificado microescuelas que atienden desde uno hasta cinco días a la semana.
  • Las instalaciones circunstanciales: las microescuelas pueden funcionar en cualquier lugar, sin importar que no se cuente con un aula tradicional. En el caso de Estados Unidos, algunas microescuelas incluso funcionan en los sótanos de iglesias, casas y hasta comercios.
  • La matrícula reducida: dada su capacidad limitada, las microescuelas solo pueden recibir un número bajo de estudiantes. Esto se traduce poco más de una docena de alumnos por cada turno.

Para explorar esto en profundidad, es pertinente hacer un viaje por las experiencias que han tenido las microescuelas alrededor del mundo.

Países donde se han identificado redes de microescuelas:

India:

El caso de la India es paradigmático, como lo demostró el profesor James Tooley. No solo fue el primer país donde se identificaron microescuelas privadas de bajo costo, sino que también es el lugar donde este fenómeno tiene mayor expansión.

Como indica en su artículo para FEE, para el año 2020 había cerca de 90 millones de niños en más de 450.000 microescuelas privadas en la India, lo cual refleja una penetración importante de este modelo.

Microescuela en la India. Fuente: Better Schooling.
“Tanto en los barrios marginales urbanos como en las aldeas rurales, los padres más pobres están abandonando masivamente las escuelas públicas y enviando a sus hijos a escuelas privadas de bajo costo”, se lee en el texto.

Esta tendencia llevó a Tooley a concluir que las escuelas privadas de bajo costo ya eran “una solución sostenible para mejorar los estándares educativos para todos”.

No obstante, un rasgo diferencial de este caso es que muchas de las microescuelas son gestionadas por emprendedores educativos, sin subvenciones estatales.

África:

Por otra parte, este fenómeno también se ha podido identificar en varios países del continente africano, tal como describe el propio Tooley.

Por ejemplo, en la ciudad de Lagos, capital de Nigeria, el autor describe que se han hallado más de 14.000 microescuelas de bajo costo, matriculando a 2 millones de niños, lo que representa un 70% de la población infantil en edad escolar.

El profesor británico también refiere otras investigaciones realizadas en las capitales de Kenia, Kampala y Ghana, donde se han descubierto casos similares: niños de zonas pobres que reciben educación privada en estos centros alternativos.

Venezuela:

Del mismo modo, otro caso emergente es el de Venezuela, donde la organización Un estado de Derecho ha investigado redes de microescuelas en dos ciudades.

  • En el área de Caracas, este fenómeno se pudo identificar en la zona popular más grande de América Latina: Petare. Ahí se descubrieron más de 60 microescuelas en 2021 (durante la pandemia), a las que asistían casi 800 estudiantes de primaria y secundaria, el 68% de los cuales también estaba inscrito en escuelas públicas.
  • En la localidad de Montalbán, ubicada en los altos valles carabobeños, la situación era similar. En 2022, el equipo identificó 63 microescuelas que atendían a más de 700 niños y jóvenes, el 90% de los cuales también asistía a instituciones públicas.

Es decir, en ambos casos destacó el hecho de que los estudiantes ya tenían acceso a la educación pública formal, pero, aún así, las familias estaban dispuestas a pagar para brindar educación privada a sus hijos: entre 4 y 18 dólares a la semana en Caracas, y entre 1 y 7.5 dólares semanales en Montalbán.

Reunión de maestras de microescuelas en el pueblo de Montalbán. Foto: Anderson Ayala.

Adicionalmente, un rasgo diferencial en el terreno venezolano es que la mayoría de las microescuelas son dirigidas por educadoras desde sus propias casas. Casi todas de formación docente y trabajando a la par en escuelas y liceos públicos.

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Las microescuelas de Montalbán ya forman parte de la red de Edugogo.

Estados Unidos:

Por último, vale acotar que este fenómeno no es exclusivo de países en desarrollo. Así lo demuestra el caso de Estados Unidos, donde también se han identificado microescuelas, tal como lo detalló Dana Goldstein para New York Times en 2024.

Sin embargo, aquí se presentan mayores variaciones que distinguen el panorama norteamericano. La primera, según describe Goldstein, es la apertura del sistema educativo a nuevas opciones escolares, lo que a su vez se traduce en regulaciones y un reconocimiento legal a las microescuelas.

Esto también ha llevado a una mayor sistematización del modelo, reflejada en planes de estudio fijos y pruebas estandarizadas en algunas microescuelas. Todo ello mientras los alumnos están registrados bajo la categoría de educación en casa.

Gracias a esto, algunas microescuelas incluso han podido formalizarse hasta obtener la acreditación de COGNIA, como es el caso de MindSprout Montessori, según se detalla en una nota del portal Infobae.

Microescuela Kingdom Seed en el estado de Georgia. Fuente: New York Times.

Este entorno favorable es lo que ha permitido el florecimiento de más de 95.000 microescuelas en todo el país, atendiendo a más de un millón de estudiantes en los 50 estados, de acuerdo con datos del National Microschooling Center.

Además, otro rasgo clave es que aquí sí entra en escena el financiamiento estatal. Por ejemplo, en Texas, las microescuelas pueden optar por fondos públicos gracias a un programa de vouchers para educación privada, según el Houston Chronicle.

¿Qué futuro educativo le depara a las microescuelas?

Como se ve, se trata de un fenómeno educativo creciente y espontáneo, sujeto a la particularidad de cada entorno.

Por ello mismo, su continuidad parece garantizada mientras sigan alineados los incentivos adecuados, tal como los detalla el profesor Canova: la demanda de los padres, el compromiso vocacional de los docentes y la posibilidad del beneficio económico.

No obstante, como también señala Tooley en su artículo inicial, la situación de las microescuelas no está exenta de dificultades, sobre todo frente a gobiernos que aprueban normativas y condiciones imposibles para estos centros alternativos. 

A esto se suma la falta de reconocimiento legal en muchos países, lo que les impide aprobar promociones de grados, dado que solo las escuelas tradicionales (públicas o privadas) tienen autoridad para respaldar diplomas de bachillerato.

Se trata de un desafío que seguramente impulsará cambios en el futuro. No en vano, estudiosos como Canova ya apuestan por certificaciones independientes que validen los aprendizajes logrados en las microescuelas. Algo que, sin duda, transformaría por completo el acceso a los sistemas educativos.

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