La Realidad Virtual abre un horizonte inexplorado para la educación inmersiva
En este artículo exploramos el potencial, las ventajas y los desafíos de integrar la Realidad Virtual en las escuelas. Se trata de una tecnología que derriba las barreras físicas, abriendo nuevas posibilidades para los procesos de enseñanza y aprendizaje.
Tabla de contenido
La transformación digital está llevando la educación a terrenos que antes parecían reservados a la ciencia ficción. Hoy en día, es posible hacer viajes inmersivos, explorar nuevos entornos o realizar experimentos complejos sin salir del aula, y todo ello se materializa gracias a una innovación de gran alcance: la Realidad Virtual.
Para entender mejor de qué trata, hay que partir de lo esencial: la Realidad Virtual es una tecnología empleada “para transportarse a realidades diferentes”, tal como la define un artículo en el blog de la empresa Telefónica.
Pero dicha transportación no es física, sino simulada, presentando ante los ojos una “experiencia alternativa” para que el cerebro piense que está en un entorno distinto”, se lee.
Por ende, al difuminar la frontera entre lo digital y lo analógico, la Realidad Virtual abre un potencial ilimitado para la educación. Y en ese proceso no sólo convergen docentes, sino también tecnólogos, desarrolladores y empresas de software.
Así que, con el fin de explorar algunas de esas posibles aplicaciones en el ámbito escolar, presentamos este nuevo artículo.
¿Cómo se puede utilizar la Realidad Virtual en las escuelas?
Aunque solemos asociar la realidad virtual con los videojuegos, su margen de aplicación en contextos educativos es inmenso. En ese sentido, tal vez su uso más conocido hasta ahora sea el de las simulaciones, con unas implicaciones enormes.
Veamos un ejemplo: imagina que eres docente y tu clase de historia ya no se limita a leer textos sobre las conquistas del Imperio Romano o la Revolución Francesa. En su lugar, los estudiantes usan lentes de Realidad Virtual para transportarse a estas situaciones: ya no leen sobre gladiadores y batallas, sino que las atestiguan.
Los alumnos ya no se imaginan un escenario aislado de la Toma de la Bastilla, sino que verían el caos en vivo desde una calle de París, con cañones sonando y gente corriendo. Es evidente que esto tendría un impacto mucho mayor en el aprendizaje.
Pero las simulaciones no se reducen a visitas históricas. La Realidad Virtual también puede ayudar a explicar ideas complejas o abstractas, como ocurre en el caso de las matemáticas.
Imagina ahora que eres profesor de física y estás tratando el tema de la gravedad. Es un hecho que las fórmulas son difíciles, pero si los alumnos pueden trasladarse a la superficie de Marte y ver cómo la gravedad se refleja en ese planeta, entonces las recordarán con un sentido más práctico.
Y como estos, podríamos imaginar miles de nuevas experiencias: recorrer un safari con animales salvajes, escalar el monte Everest, navegar en el lecho marino o saltar desde un avión para estudiar la atmósfera, por poner ejemplos.
Para los educadores, la Realidad Virtual elimina las barreras físicas, así que su potencial es tan vasto como el de la creatividad humana misma.
¿Qué beneficios tiene integrar la Realidad Virtual en la educación?
Como vimos a partir de los ejemplos, esta tecnología puede cambiar la manera en que los estudiantes aprenden. Sus ventajas son enormes, así que para sintetizarlas podemos recurrir a un artículo en el sitio web del Grupo Planeta español:
Fortalece el aprendizaje activo
Bajo esta tecnología, los estudiantes no están limitados a un rol pasivo y receptor de información. Más bien, ellos participan en el entorno virtual, donde deben “tomar decisiones y aplicar lo aprendido”, según explica el texto.
Aumento de la motivación y el interés
Además, al sumergir a los alumnos en entornos sensoriales hiperrealistas, estas simulaciones convierten el aprendizaje en un proceso mucho más “emocionante y estimulante”, tal como se describe.
Incremento en la retención de conocimientos
Asimismo, no se debe perder de vista que, al estar más motivados y satisfechos con los temas vistos, los estudiantes también pueden anclar mejor sus aprendizajes y fortalecer la retención de ideas.
A estos tres pilares podríamos añadir otros beneficios como la preparación para un futuro digital o el desarrollo de la creatividad. Y si todas estas ventajas confluyen a la par, no es sorpresivo que esto derive en una mejora del desempeño académico.
Eso sí, como toda nueva tecnología, implementarla implica unos esfuerzos iniciales para las escuelas y los usuarios en general.
¿Cuáles son los desafíos de usar la Realidad Virtual en las aulas?
Con la Realidad Virtual ocurre lo mismo que con la IA: su adopción en las escuelas implica costos iniciales, aunque es cierto que no todo se reduce al tema económico. Por ello, para recopilar ahora tales desafíos, podemos volver al artículo en la web del Grupo Planeta, donde se destacan cuatro en particular:
Inversión en dispositivos
El primer gran reto es la adquisición de los lentes o gafas de Realidad Virtual, que pueden variar en formas, características y precios. Son dispositivos que tienen un costo considerable, pero representan una inversión a largo plazo.
Además, a esto se suma el gasto en programas, servicios de software o licencias para utilizar contenido educativo, que es lo que realmente da sentido a los lentes.
Mantenimiento y actualización
Luego, al ser estos equipos delicados, pueden requerir configuraciones frecuentes o actualizaciones de sistemas, con el propósito de maximizar su vida útil. Ello también implica un esfuerzo por “capacitar al personal técnico para esta labor” o, en todo caso, subcontratar tales servicios cuando sea necesario.
Accesibilidad de la Realidad Virtual
Adicionalmente, debe contemplarse el aspecto de la inclusividad para evitar que cualquier alumno se quede rezagado. En ese sentido, las simulaciones deben ser “adaptadas a los niveles y necesidades” de los alumnos, tal como se describe, sin caer en el sesgo de que todos tendrán aptitudes tecnológicas.
Brecha digital de la tecnología
Por último, un desafío que alude más a los líderes y autoridades educativas reside en las desigualdades tecnológicas. No todas las escuelas contarán con los recursos necesarios para realizar estas inversiones, así que el reto está en cómo garantizar un acceso equitativo y sostenible a dicha tecnología.
El futuro de la Realidad Virtual en los entornos educativos
La Realidad Virtual puede ser, junto con la IA, la tecnología que más se expanda en los colegios a nivel mundial durante los próximos años. No en vano, ya en 2020, la plataforma HolonIQ proyectaba que, para 2025, el gasto educativo en Realidad Virtual superaría los 12.000 millones de dólares, representando un aumento del 600 % frente a los 1.800 millones de 2018.
En esta misma línea, la plataforma fijaba el 2025 como el año de consolidación de esta tecnología, anticipando que, de ahora en adelante, la realidad virtual estará “cada vez más integrada en los procesos de enseñanza y aprendizaje”.
Asimismo, como es habitual en el desarrollo tecnológico, es realista prever una baja gradual en los precios de los dispositivos, así como una creciente oferta de servicios de software y contenido educativo. Por ende, no es descabellado esperar una mayor facilidad de acceso a esta tecnología en el futuro.
En síntesis, la Realidad Virtual abre una puerta valiosa para reinventar la manera de enseñar, pero solo si es bien conducida por los educadores. Y al favorecer los entornos experienciales, también cambia la forma en que los alumnos conciben su propio aprendizaje.
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